Añoro estar entre tus pestañas, ser el reflejo de tus ojos y que me acurruques con el sonido de tu risa.
Una vez, si fuera posible, pediría fingir enfadarme para que me digas que era broma, que solo lo haces por verme reír.
Nunca unos brazos fueron tan buen resguardo ni consuelo.
Grito que vengas, pero que no me dejes, que no te vayas. Grito que me dejes seguir soñando, que me dejes seguir viviendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario