Hoy es uno de esos días en los que solías decirme que harías lo que mejor se te daba, hacerme reír, y era verdad, porque nada me hacía más feliz que que me dijeras que venías a darme las buenas noches, que me recogías en cinco minutos.
¿Te sorprende que me acuerde? Supongo que no, porque si algo hice mal fue decirte todo lo que sentía, ya que me quedé totalmente descubierta ante ti. Me conoces tanto que sabrás incluso que estas palabras te pertenecen, al igual que sabrás que nunca me olvido de ti, aunque no quiera recordarte.
Hoy era una de esas noches de reirnos de todo y pasar tres horas sin decirnos nada con las palabras, esas que tú lanzabas en forma de futuro, que por supuesto no ha llegado conmigo. Que en realidad no eran palabras, eran deseos y sentimientos camuflados de algo que yo no conocía.
¿Te sorprende si te digo que me acuerdo de ver amanecer y de hacer amaneceres? Y que no me olvido del recorrido de tus manos, ni de todo lo que me decían tus ojos, que quizá ahora me haya dado cuenta de que no hablábamos el mismo idioma.
¿Te sorprende que todavía siga viendo cosas buenas en ti? A mi también.
¿Te sorprende que piense que todavía te quiero más a ti que a mi? Contesta tú.
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